“Me sumé a la empresa familiar hace diez años, por entonces aplicábamos un plan sanitario básico y sólo teníamos un veterinario de consulta. Cuando empezamos a hacer inseminación artificial con el M.V. Matías Villa, iniciamos un intercambio de opiniones y con el tiempo se convirtió en asesor de nuestra empresa. En 2015, nos propuso participar en Fronteras, que nos acercaba a Biogénesis Bagó”, dijo Estanislao López (izquierda en la foto), 33 años, técnico en producción agropecuaria y criador con campos en Las Flores, Pila y Monte, plena Cuenca del Salado.

El establecimiento cuenta con rodeos Hereford y Aberdeen Angus. La cría se hace sobre pasturas naturales y promociones de raigrás, y la recría de vaquillonas de reposición se suplementa con silaje de maíz. Se inseminan a tiempo fijo unos 1500 vientres por año y se repasan con toros de producción propia. La firma vende 1.200 terneros por año de 210 kg.

¿Por qué ingresaron a Fronteras? “Nuestros índices productivos siempre fueron aceptables, la preñez era del 90% y el destete del 82%, pero al momento de mejorar hubo que prestar atención a los detalles. Uno de los problemas que nos preocupaban eran las mermas durante la gestación, había abortos, sobre todo en vientres jóvenes”, recordó López.  Y planteó que  “de cien vaquillonas preñadas se lograba un 83-85% de terneros, o sea que perdíamos más del 15%.  El fenómeno también se veía en vacas, pero menos. Además, en la parición de 2014 hubo terneros nacidos muertos o que morían a los pocos días. No sabíamos porqué, presumíamos que podía ser diarrea viral bovina (DVB) pero no podíamos comprobarlo”.

Frente a esta situación, Villa  -de 35 años, que abrió una veterinaria en Las Flores tras haberse formado la Universidad de Tandil y en el INTA Balcarce- hizo un primer diagnóstico.  “La preñez del campo de mi cliente era alta porque alimenta bien a las madres, es muy prolijo con la sanidad y lleva registros. El problema es que usaba vacunas contra DVB que protegían contra las enfermedades respiratorias, pero no contra las reproductivas, y las aplicaba sin pautas claras. ‘Lee la letra chica de la etiqueta’, le pedí para que advirtiera  la problemática”, explicó el profesional refiriéndose a la búsqueda de acuerdos para las acciones a seguir desde Fronteras.

Así las cosas, el establecimiento dio un primer paso haciendo los análisis de DVB mediante la técnica de piel de oreja que se puso a punto el año pasado. “Fui al campo a tomar muestras de 300 vaquillonas de reposición con el técnico zonal de Biogénesis. Se detectaron animales positivos, se aisló el virus y se cultivó en el Laboratorio Azul”, contó el veterinario. Con este dato, “decidimos cambiar por productos confiables”, intercedió López. De aquí en más, “se van a analizar también los toritos que se dejan para repaso”, agregó Villa.

El plan sanitario de Fronteras es muy completo y comprende prevención, tratamientos con productos de calidad y manejo.  “A veces cuesta convencer a los productores para que lo adopten. Uno me dijo que su rodeo no tenía diarrea, pero venía a mi veterinaria a buscar 25 frascos de antibióticos, en dos meses de parición, y sales rehidratantes. Se lo mostré con mis registros y lo comparé con otros criadores que, con más vacas, llevaban cinco frascos. En realidad, no veía el problema porque no hacía análisis”, argumentó el asesor.  Y resaltó que “un plan sanitario completo, incluyendo diagnóstico de gestación y revisación clínica de toros ronda los $180/vaca/año”.

Con respecto a los resultados, López sostiene que todavía hay algunos aspectos a solucionar, aunque la mejora es notoria. “La preñez general se acerca al 92-93%% y la merma en ternero logrado sobre vaquillona preñada, que era muy importante, bajó un 5%”, aseguró.

Para Villa, lo saliente de Fronteras es “contar con resultados medibles en el corto plazo para que los ganaderos se convenzan del cambio. Y, como profesionales, nos brinda confianza porque tenemos atrás al equipo técnico de la empresa. Es una garantía”, finalizó el veterinario.